sábado, 6 de octubre de 2007


El destino final, siempre escondido, casi superfluo, u obviado; siempre es el mismo, con otros ojos, u otros parajes, pero siempre el sufrimiento. Como si fuera una diadema brillando siempre sobre las frentes.
Hoy aletean en mi mente las mariposas, embriagandome. Y se que podría hoy decirte las palabras más claras y que no las entenderías, siempre buscando el doble-discurso, el doble-insulto, la doble-ironia; como si las segundas partes fueran mejores... -o más real y triste aún-... como si fueran necesarias. Cómo si el mundo, no ofreciera en sus pinturas matutinas, más de lo mismo, de las mismas guerras, de las mismas mentiras, de las mismas tristezas; el dolor no es diferente en ningún lado, sólo que las personas lo son, y no hay heroísmo en él, sólo vanidad.
Se que hoy podría murmurarte tantas cosas inaudibles, y podría pintarte paisajes nostalgicos, y seguirías sin comprender, que en este mundo, las mariposas al costado del camino, es cosa casi del destino, y es cuestión de atraparlas, para volar con sus alas dónde sea que el viento sea más leve y más fresco; dónde no elegir la tristeza sea tu acto más noble y sabio.
-a mi mejor amigo, impulso de mis aleteos, constante inspiración-
.yann*

domingo, 30 de septiembre de 2007

memorias de viento (a -a-)

De los avatares del tiempo, y de mis ojos victima es el recuerdo, de tu figura, siempre inocente y pudorosa a la luz de mi tristeza... En ocasiones, encontraba tu silueta, tan fuerte, tan cinica... Tan cretino.
De las cartas inciertas o quizás del todo predecibles, puedo contarte a la distancia, de mil formas impersonales, tan estoicamente... que podría asustarte, que simplemente podrías creer, que nunca me conociste, tal cual soy, y que ninguna de mis palabras enamoradas aseguraban la verdad.
Sin piedad, revelo de a poco nuestra historia, le quito el velo doloroso, y ya no hay esperas al cafe de sobremesa. Sin piedad, ni espontaneidad, diré que nunca te conocí, que enamorada de la ilusión, caí en la cursileria de versos vicerales de quienes nunca fui genesis, que mi pecho y mis piernas -ambos temblorosos-, nunca te inspiraron, más que vanidad... de la indole más obscena; que sólo fue un capricho con el fin secreto y oscuro de solo llegar a las lagrimas amargas. Diré que nunca caí en la rabia, que nunca maldije tu nombre, esperando que nadie te ame con la obsesión, loca que me caracterizaba, que jamás corrí a curar tus heridas, sintiendo el dolor de no ser su causante, de ser sólo tu enfermera de paso.


Ahora atravesada verticalmente por un orgullo conciente, más lucida, y más correcta... entiendo las pocas opciones que me quedan... Ninguna te contempla. Y resulta reconfortante que así sea, que tu musa inspiradora sea un cielo, que nunca me cubre; que tu camino sea las curvas sinuosas de otras caderas (nunca las mias). Ahora tan entera, con rimel y rouge, con mis sandalias de taco moderado; simulo ser esa villana, que no necesita más, un poco de mascara... y un camino siempre diferente, para volver a empezar, a finjir... que el sol brilla igual que antes de conocerte....




.yann*

martes, 25 de septiembre de 2007

versos de facultad

De la situación indecorosa,
presa del sonrojo más dulce-agrio,
me sumerjo bajo un sol de septiembre
en las sorpresas del silencio.

Esperando novedades...
que asomen espanto por alguna ranura de la habitación de mi preferencia.

Cuando las palabras, son la compra-venta
ilegal de ilusiones
se que podría perderme una y otra vez...
como en el laberinto insolito...

[De elegir la mentira...
como la verdad axial
a mis metaforas ilusorias]

Y podría pararme
y abandonarme a una bocanada ahogada
de brisa fresca.
Hoy me acercaría feliz,
a los secretos que velan mi inocencia.

Las mentiras, hoy irrisorias,
son dignas de llevarme
al recuero de mis uñas carmesinas, reluciendo, solitarias...
bajo un sol, como el de hoy, situación de lo más indecorosa.



.yann*

jueves, 20 de septiembre de 2007

Madelaine McCann - Recetas light - Rocío Marengo

Sacame de este mundo, enloquecido... De globos tardíos que no llegan a su platonico destino. Es que no quiero vivir en los peldaños dónde se entremezcla la frivolidad con la tragedia... como en la navidad, como odio la navidad.
Llevame lejos de este mundo de futiles atracciones sin sentido. De cielos anochecidos con sus destellantes de fuegos de artificio.
Sacame de estas calles que llevan a dónde no voy, con una prisa rutinaria, que nunca me deja más de dos lagrimas, y alguna huella de expresión en la cara. Ya no quiero que me vean llorando mis fantasmas infantiles, porque jamás entenderían... cual es la bestia de mi asombro y de mi susto.
Y yo tampoco quiero entenderlo; y lo peor es que de a poco voy entendiendo, que parte de este ensamblaje mundial pertenezco, y cuantos más bajo tierra hay, tan parecidos a mi, con la huellas de un amor sepultado en la mirada, como entender y explicarles, la logica de oficinas, de rabietas de una moda, de la colección insasiable e inasible de felicidad de insatisfacción instantanea, dónde internet equipara intereses y lapidario me cuenta, Madelaine McCann - Recetas light - Rocío Marengo; esos son los topicos más buscados.




Insospechadamente, triste, sola, y más fuerte.




.Yann*

domingo, 16 de septiembre de 2007

día vampiro

día vampiro,
de tiñeblas certeras...
es un día atípico
no menos oscuro que la noche,
siniestra.

ni mi desesperanza menos honda...
intensifica, este grito ahogado,
por rezos,
como mi llanto escondido en los restos....,
del fondo.

de ese fondo no quiero volver,
aunque el retorno existiera,
y ese retorno fuera, como en los cuentos,
tu sonrisa...

preferiría esperar,
tan decidida.
reclinada sobre el blanco de tus ojos.
[tan vampira de no ver ya sonrisas]

del peor de los sueños
no quiero volver!
de este domingo quiero saber,
dónde se haya la bestia,
y cuanto tardará para que llegue la noche...

[y sea raudamente, otra vez mi pesadilla,
en la muerte que me espera
al final del alarido...]

despertando en el horror,
de un día nuevo, en este mundo vampiro.


.yann*

viernes, 14 de septiembre de 2007

mentira por verdad

Existencia, sutil encanto
de perder, mucho, poco;
sin conciencia,
nula o camuflada.

Con todos los sentidos,
como a un oleo primitivo,
[o como un feretro de la más indigna dignidad].
Me acerco.
[Desfilando, veo, tantas viejas imagenes,
que son hologramas, o bien ciclos de mi memoria atestada..]


Tomando como siempre...
[quizás por febril necesidad]
la mentira por verdad.



.yann*

jueves, 13 de septiembre de 2007

ciclos de mi mente (a)

Volví, como vuelvo siempre, sin alejarme... cómo vuelve el mar sobre si... Sentada a un costado de la ventana abierta con la persiana levantada, a mi costado un colchón en el suelo tirado, y sobre mis hombros un par de rizos mal formados aún humedos caen.Vuelvo y vuelo sobre mi dejandome arrastrar por la brisa algo humeda. Recordando voces, vestales de otra pasión, que sólo me ridiculiza, cómo ridiculiza siempre el amor a cualquier tonto enamorado. Pasajes de otro tiempo, dormitó ese geist sobre mis versos..., el vestal... puerta nunca comunicada con mi piel, ni mi sangre, ni mis vasos. Hoy siento recelo.Y vuelvo sobre mi, no hay paralisis certera al plexo del tiempo... es una lección, de esos senderos que transité. Y me quedo estatica, con ninguna perspectiva de exitación mayor, que ver este cielo de agua-lluvia, y escuchar el ruido strepitoso de un tren, como la más dulce melodía, como el pasaje misterioso a un recuerdo siempre diferente y siempre algo aterrador o doloroso, que me lleva y me trae sobre mi.



-dedicado a (a) -




.yann*

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Close to you



Ensayar unos parrafos dignos de ser leídos, no es tarea menor. Quisiera ser digna de tus ojos recorriendo estás palabas. Y sin darme cuenta, que coincidas. Pero esta vida es tan meticulosa, que siempre nos arroja siempre por toboganes distintos pero parecidos pero... las apariencias engañan. Y es real. Hablando de apariencias, quería expresar mi tristeza causada por los inóspitos niveles que puede alcanzar la idiotez humana. Para explicar mejor a qué me refiero, me gustaría citar un parrafo.

Anorexia nerviosa Karen Carpenter sufría de anorexia nerviosa desde 1975 a su
muerte en 1983. En los 1960s, seguía la dieta "Stillman". Karen tomaba 8 vasos
de agua y comía alimentos sin grasa, perdiendo asi 12 kilogramos. Un periodista
llamó a Karen "una chiquita regordeta." muy ofendida Karen trató perder peso. Su
corazón quedo dañado por la malnutrición de tantos años. Murió a temprana edad
de un paro cardíaco,a consecuencia de la Anorexia Nerviosa el 4 de febrero 1983.

Extraído de la dirección : http://es.wikipedia.org/wiki/Karen_Carpenter.


Da la impresión, mujeres, que nunca somos lo suficientemente buenas. Llegamos a este arido mundo, con la consigna de vivir, y parece que vivir es salir de los prejuicios lo más airosa posible, parece que vivir implica sólo el cuerpo, e indefectiblemente el cuerpo -simbolo de culto de la sociedad del siglo donde todos corren sin saber dónde, dónde la vida se asemeja a la muerte en campos de batallas, o en ciudades desvastadas por la codicia de quienes tienen y no hay limites para tener más- se muere.
En este surmenage que es una calesita rabiosa dentro de nuestrás mentes, muerde y patea fuerte, dónde las debiles caen, y las fuertes se esconden trás las etiquetas de la última moda, o con actitudes poco decorosas fingiendo que se es indiferente al mundo y lo que este dice, cuando en el mundo estamos y vivimos, y pues, en el juego hay que jugar, en este juego de la escondida, quizás, haya que esconderse o ser descubierto en el miedo que producen los demás.
El podio espera a la cadera más afinada, al vientre más achatado, a la sombra menos visible en el suelo un día de sol...
En esta soledad tan espesa, diría, que la belleza no depende de la subjetividad con la que los ojos perciben el mundo; si no en cuanta belleza nos dignamos a dar a nuestro alrededor, colmando de arte, de amor, de júbilo, esperanza, o lo que sea que seas capaz de dar al exterior. Yo no quiero pasarme la vida internada en los miedos y las sombras... no quiero correr al son de lo que ya no importa.


He aquí toda mi belleza... Estas siempre invitada a mostrarme la tuya.
Ansiosa, siempre, por ver todos tus rostros, sin rimel ni lapiz labial...


.yann*

domingo, 2 de septiembre de 2007


-chicas quería ser elegante.. pero no pude, no me quedará más que ser yo misma... y decirles mi muletilla, mi recurso más verdadero y favorito...
amigas las amo muchisimo, gracias por existir en mi vida, por seguir brillando en ella!!
no hay más que hablar...
.yann*
pd: ustedes saben porque donas..

jueves, 30 de agosto de 2007

"carta perdida en un cajón" de Silvina Ocampo


-Carta perdida en un cajón-
por Silvina Ocampo

¿Cuánto tiempo hace que no pienso en otra cosa que en ti, imbécil, que te intercalas entre las líneas del libro que leo, dentro de la música que oigo, en el interior de los objetos que miro? No me parece posible que el revestimiento de mi esqueleto sea igual al tuyo. Sospecho que perteneces a otro planeta, que tu Dios es diferente del mío, que el ángel guardián de tu infancia no se parecía al mío. Como si se tratara de alguien que hubiera entrevisto en la calle, me parece que no nos hemos conocido en la infancia y que aquella época hubiera sido mero sueño. Pensar de la mañana a la noche y de la noche a la mañana en tus ojos, en tu pelo, en tu boca, en tu voz, en esa manera de caminar que tienes, me incapacita para cualquier trabajo. A veces, al oír pronunciar tu nombre mi corazón deja de latir. Imagino las frases que dices, los lugares que frecuentas, los libros que te gustan. En medio de la noche, me despierto con sobresaltos preguntándome: «¿dónde estará esa bestia?» o «¿con quién estará?». A veces, con mis amigos, llevo el diálogo a temas que fatalmente atraen comentarios sobre tu modo de vivir, sobre las particularidades de tu carácter, o bien paso por la puerta de tu casa, perdiendo un tiempo infinito en esperarte para ver a qué horas sales o cómo te has vestido. Ningún amante habrá pensado tanto en su amada como yo en ti. Recuerdo siempre tus manos levemente rojas, y la piel de tus brazos oscura en los pliegues del codo o en el cuello como arena húmeda. «¿Será suciedad?», pienso, esperando con un defecto nuevo lograr la destrucción de tu ser tan despreciable. Podría dibujar tu cara con los ojos cerrados, sin equivocarme en ninguna de sus líneas: me guardaré de hacerlo, pues temo mejorar tus facciones o divinizar la expresión un poco bestial de tus mejillas prominentes. Será una mezquindad de mi parte pero todas mis mezquindades te las debo a ti. Después de nuestra infancia, que transcurrió en un colegio que fue nuestra prisión donde nos veíamos diariamente y dormíamos en el mismo dormitorio, podría enumerar algunos furtivos encuentros: un día en el andén de una estación, otro día en una playa, otro día en un teatro, otro día en la casa de unos amigos. No olvidaré aquel último encuentro, tampoco olvido los otros, pero el último me parece más significativo. Cuando advertí tu presencia en aquella casa perdí por la fracción de un segundo el conocimiento. Tus pies lascivos estaban desnudos. Pretender describir la impresión que me causaron las uñas de tus pies sería como pretender reconstruir el Partenón. Creo, sin embargo, que en la infancia tuve el presentimiento de todo lo que iba a sufrir por ti. Oí a mi madre pronunciar tu nombre cuando entramos a visitar por primera vez aquel colegio donde había en el jardín tantos jacarandás en flor y aquellas dos estatuas sosteniendo globos de luz en cada lado del portón.
—Alba Cristián es hija de una amiga mía. La internarán también aquí. Es de tu edad —dijo mi madre cruelmente.
Sentí un extraño malestar: pensé que era por culpa del colegio donde me iban a internar. Sin embargo, inconscientemente, como esos antiguos anillos que contenían veneno debajo de un camafeo o de una piedra, tu nombre semejante también a un círculo me pareció venenoso. Otro presentimiento me avasalló aquel día del paseo a los lagos de Palermo, cuando nos bajamos a comer la merienda sobre el césped y que Máxima Parisi te enseñó unas tarjetas postales que no quiso enseñarme a mí y que al final de la tarde, comiendo un helado de frambuesa, se recostó sobre tu hombro en el ómnibus que nos llevó de vuelta al colegio. En aquella intimidad que me excluía, sentí la amenaza de otras desventuras. No creas que olvidé la llave misteriosa de tu mesa de luz que hacía sonreír a Máxima Parisi ni aquel atado de cigarrillos americanos que fumaron sin convidarme en la glorieta de los arbustos «cuerpo a tierra», decían ustedes, «como los soldados», en aquel escondite que aborrecí hasta el día de hoy. No creas que olvidé aquel libro pornográfico, ni al gato que bautizaban con un nuevo nombre estrafalario cada día, ¡pobre diablo! Ni aquella suerte de supositorios para perfumar el baño con olor a rosa que disolvían en un vaso de agua y que se pasaban por el pelo y por los brazos. No creas que olvidé la enfermedad de Máxima cuando te colgaste de mi brazo todo el día diciéndome que yo era tu amiga predilecta y que me invitarías a tu casa de campo durante el verano. No me hice ilusiones, además no me inspirabas ninguna simpatía. No aspiré a tu amistad sino para alejarte de otras. En el fondo de mi corazón se retorcía una serpiente semejante a la que hizo que Adán y Eva fueran expulsados del Paraíso.
Sospechaba que mi vida sería una sucesión de fracasos y de abominaciones. No hay niño desdichado que después sea feliz: adulto podrá ilusionarse en algún momento, pero es un error creer que el destino pueda cambiarlo. Podrá tener vocación por la dicha o por la desdicha, por la virtud o por la infamia, por el amor o por el odio. El hombre lleva su cruz desde el principio; hay cruces de madera tosca, de aluminio, de cobre, de plata o de oro, pero todas son cruces. Bien sabes cuál es la mía, pero tal vez no sepas cuál es la tuya, pues no todos los seres son lúcidos, ni capaces de leer el destino en los signos que diariamente ven a su alrededor. ¿Será cruel advertírtelo? Me tiene sin cuidado. No siento por ti la menor lástima. Me molesta que alguien aún crea que somos amigas de infancia. No falta quien me pregunte con tono almibarado y escandalizado a la vez:
—¿No tenés amigos de infancia?
Yo les respondo:
—No me casé con los amigos de infancia. Si ahora tengo poco discernimiento para elegirlos, ¿cómo habrán sido las equivocaciones de mis primeros años? Las amistades de infancia son erróneas, y no se puede ser fiel al error indefinidamente.
Aquel día, en casa de nuestros amigos, al verte, una trémula nube envolvió mi nuca, mi cuerpo se cubrió de escalofríos. Tomé un libro que estaba sobre la mesa y comencé a hojearlo ávidamente: sólo después advertí que el libro se titulaba «Balance de las ventas de animales bovinos». La dueña de casa me ofreció una naranjada horrible «de alfileres» como denominábamos toda bebida que llevaba soda. Bebí de un trago para ocultar el temblor de mi mano; felizmente hacía calor y salí al balcón con el pretexto de tomar fresco y de mirar la vista que abarcaba el Río de la Plata a lo lejos y en primer plano el Monumento de los Españoles que divisado de ese ángulo parecía, más que nunca, un gigantesco postre de bodas o de primera comunión. Sonreí a tu cara de bestia, sonreíste. Vivir así no era vivir. Sentí vértigos, náuseas. Desde aquel séptimo piso contemplé la calle pensando cómo sería mi caída, si me tiraba de esa altura. Un puesto de fruta, cajones de basura al pie de la casa (estarían en huelga los basureros) y una baranda alta me molestaban para imaginar la escena. Traté de concentrarme en esa idea llena de dificultades para serenarme. Tenía el poder, que ahora no tengo, para desdoblarme: conversé con la gente que me rodeó, reí, miré a todos lados con los ojos clavados en el fondo de aquel precipicio con cajones de basura, con frutas y con hombres que pasaban. Todo era menos inmundo que tu cara. «De cuántas músicas, de cuántas personas, de cuántos libros tengo que renegar para no compartir mis gustos contigo», pensé al mirar hacia el interior del departamento a través del vidrio de la ventana. «Quiero mi soledad, la quiero con mil caras impersonales.» Te miré y a través del vidrio que reverberaba tembló tu cara de piraña como en el fondo del agua. Pensé en quien no puedo pensar por causa tuya y en el sortilegio que me envolvía. Estás en mí como esas figuras que ocultan otras más importantes en los cuadros. Un experto puede borrar la figura superpuesta pero ¿dónde está el experto? Necesito dar una explicación a mis actos. Después de haberte saludado con una inusitada amabilidad te invité a tomar té. Aceptaste. Te dije que en mi casa había pintores. Sugeriste felizmente que sería mejor ir a tu casa. En el momento en que prepares el té y lo dejes sobre la mesa fingiré un desmayo. Irás a buscar un vaso de agua que yo te pediré, entonces echaré en la tetera el veneno que traigo en mi cartera. Servirás el té después de un rato. Yo no tomaré el mío, pensé como delirando mientras me hablabas.
No cumplí mi proyecto. Era infantil. Me pareció más atinado usar ese procedimiento para matar a L. Deseché la idea porque la muerte no me pareció un castigo.
—¿Qué te pasa? —me decía L.
La conversación recaía sobre ti. Le decía de ti las peores cosas que pueden decirse de un ser humano. Hablé de suciedad, de mentiras, de deslealtad, de vulgaridad, de pornografía. Inventé cosas atroces que resultaron maravillosas. No sospeché que por primera vez L. se interesaba en tu personalidad, en tu vida, en tu manera de sentir y que todo había nacido de mi imaginación.
Durante el tiempo que dediqué a pensar sólo en ti, a hablar de tus horribles vestimentas, de tu malignidad, de tu falta de asco para meterte en la boca dinero sucio y cosas que encontrabas en el suelo, con mi complicidad, con mis sospechas, con mi odio construí para ustedes ese edificio de amor tan complicado donde viven alejados de mí por mi culpa. Quiero que sepas que debes tu felicidad al ser que más te desdeña y aborrece en el mundo. Una vez que ese ser que te adorna con su envidia y te embellece con su odio desaparezca, tu dicha concluirá con mi vida y la terminación de esta carta. Entonces te internarás en un jardín semejante al del colegio que era nuestra prisión, un jardín engañoso, cuidado por dos estatuas, que tienen dos globos de luz en las manos, para alumbrar tu soledad inextinguible.
Silvina Ocampo

martes, 28 de agosto de 2007

Descubrimientos ((percepciones sobre la vejez))

Pensando, descubrí que hay un univero que se parte en nosotros, y nos hace de ratos especiales... Descubrí también que cuando vamos creciendo nos volvemos como los perros viejos -mi abuelo solía decir que para entender la vida en la vejez no había mejor solución que ver los comportamientos de los animales- de manera que el perro va perdiendo la percepción real de como es el mundo ya que sus sentidos pierden su intensidad -dejan de oir, de ver- por tanto no es de extrañar que el animal este irrascible. Yo hoy me descubrí en esa faceta... y fue algo... ¿dramatico? ... me vi desconfiada... una fiera fuera de si queriendo rasguñar algo que calme su ansiedad.. pero no hay un rayo de luz diafano al menos en mi bolso de viaje aún... que me devuelva los sentidos, y me de plenitud de conciencia.
A tientas por la oscuridad en un mundo de imagenes apenas imaginadas, un poco distorcionadas, es que me aventuro a estos descubrimientos... no menos futiles que la canción de moda, o que la carta que me escribieron con tanto amor una vez, y ahora yace perdida en esos rinconces que uno destina a olvidar -porque así incocientemente lo quiere- pero que aún así necesita cerca de uno... Derepente un destello voraz me alumbra el semblante y cómo si mi elemento fuese la adivinación empiezo a creer que la realidad funciona misteriosamente como esas cartas... Como la verdad... o el dolor... Eso que necesitamos no ver del todo, sabiendo que existe, de lo cual no podemos despegarnos...más bien sólo podemos intetar estar lo más cerca posible de ellos...
¿Será la vejez el mecanismo para evitar la percepción de los años que pasan y de las vivencias dolorosas que nos persiguen como los más hábiles fantasmas?...
De todas maneras... nunca queremos despegarnos del sentimiento para que duela, arda o nos ilumine el rostro... no hay otras maneras de sentirnos vivos...
Será que somos como las tortugas... siempre vuelven al lugar de origen...


El sentimiento es el origen... siempre.



.yann*

anywhere...could it be

Pensando en las negaciones que a menudo hacemos, y las complicaciones que agregamos, sólo para pensar que podemos pensar mejor, y que podemos entender -basta ilusión- este juego que dura poco... dónde no hay reglas, ¿sanciones?... quizás.
Me acerque a este cristal tantas veces, lo leí todo antes, lo palpite de a poco y a menudo... volví a intentarlo, es así como reanudo sobre mis dedos algunas palabras que ensayan algún sendero de libertad... para que vos, u algún otro, pueda sumergirse en mi gris oceano, sin hacerse mayores preguntas entendiendo que de eso se trata, siemplemente de encontrar diademas o estigmas... parecidos a los nuestros, para que en un acto de desesperada vanidad, o vanidosa desesperación... dejemos la soledad, por un rato... ¡ilusorio paisaje amigos...!
Son estas las lagrimas, y es esta la carta... u otra, ¿que importa? ¿realmente hay algún objeto cargado de sentido?... si una emoción se despega xenofobica de otra... y se bifurca a velocidades siderales, que no comprendo, por este esquema que elige la nostalgia, y la reclusión, este esquema algo errante y algo errado... que no es otra cosa que mis piernas y mi pecho, mi cabeza y el parpado despojandose de las lagrimas.

Estoy tan lejana, en mis letras..
Espero que esta vanidad desesperada... te atraiga a vos...(quién sea que quieras ser, o quienquiera que seas) con tu vanidosa desesperación, a encontrarte con tu soledad, con mis maneras...


¡Bienvenidos! -¡Welcome!

See u later... Nos vemos!


.yann*